Dijo que lo había permitido porque amaba a Daniel y creía que él, con el tiempo, encontraría el valor para apoyarla. Dijo que creía que ser discreta era una forma de dignidad, no una forma de anulación de sí misma. Y dijo, con franqueza y sin crueldad, que Patricia era muy hábil para hacer sentir mal a una mujer por defenderse.
Nadie en la sala respondió.
El proceso continuó.
Daniel se apresuró a sugerir llegar a un acuerdo.
Arturo accedió a discutir los términos, pero las condiciones eran claras: reconocimiento del historial financiero, una restitución adecuada y protección formal contra cualquier difamación de la reputación personal o profesional de Lucía.
Fernanda dijo que era obvio que a Lucía solo le importaba el dinero.
Lucía la corrigió con calma.
Había dedicado tres años a invertir dinero en mantener la imagen y el bienestar de personas que, a cambio, la despreciaban. Lo que defendía no era dinero.
Era dignidad.
La salida
Al concluir la audiencia, Lucía se levantó y recogió sus cosas.
Fuera de la sala, Patricia se acercó de nuevo. Algo en su actitud había cambiado. Ya no era la mujer imponente de antes. Parecía más pequeña que una hora antes.
Dijo que no había entendido.
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