En nuestro tercer aniversario me arrojó el divorcio por su primer amor enfermo… pero cuando descubrió que la mujer que despreció era la única capaz de salvarla y también la verdadera dueña de su pasado, ya era demasiado tarde para suplicar…

 

 

 

A mí me costó tres años, una noche de aniversario, una firma, una mordida, una verdad y un divorcio entero entenderlo.

Pero lo entendí.

Y esa fue mi verdadera venganza.

No que Alejandro me rogara.

No que Cristina cayera.

No que el mundo descubriera quién era yo.

Mi verdadera venganza fue más simple, más limpia y más terrible:

volverme imposible de reemplazar

Justo después de que él me perdió para siempre.