A mí me costó tres años, una noche de aniversario, una firma, una mordida, una verdad y un divorcio entero entenderlo.
Pero lo entendí.
Y esa fue mi verdadera venganza.
No que Alejandro me rogara.
No que Cristina cayera.
No que el mundo descubriera quién era yo.
Mi verdadera venganza fue más simple, más limpia y más terrible:
volverme imposible de reemplazar
Justo después de que él me perdió para siempre.